domingo, 25 de julio de 2010

Trisquelion (?)

Que linda es mi ciudad dijo mirando a través de las rejas oxidadas.
Media vuelta y ¡Pum! la copa al suelo. Vino en el brazo.
Recorramos juntos: Calles, collares, casas, cosas, quesos, quintas, quimeras, quienes, cuales, pasados/presentes.
Y hoy descubro que "El pasado es un tiempo verbal que duele hasta los huesos" y que como tengo en mi pecho se conjuga con el futuro y choca con el presente en un punto, un punto con estufas apagadas y ponchos olvidados, un punto de chocolate y vino tinto.
Un punto fijo en una clave musical, en un pescuezo conocido. En un continuo retorno a la edad del descubrir, a esos años donde el roce era sorpresa y un rostro imprevisto sacaba a flor del piel lo mas aniñado de nuestro ser.
Lindos son los reencuentros con un ser querido, pero nada se compara con el reencuentro con uno mismo.
Un tiempo verbal que duele, pero reconforta. Que es morada y reparo del viento.
El pasado que por un instante se convierte en presente a descubrir.